Que no sea un espejismo

Por: Juan David Sánchez

Quizás el efecto más evidente que ha tenido el confinamiento por el COVID-19 sobre el ambiente ha sido la disminución de gases emitidos a la atmosfera. Las múltiples observaciones anecdóticas de animales silvestres en nuevas localidades parecieran ser también otro un efecto positivo. Incluso en algunas áreas protegidas se observan especies más desprevenidas a falta de presión humana, de lo cual podría inferirse que allí hay un efecto positivo aún mayor.  Ahora bien, todo esto puede tratarse de efectos a corto plazo y convertirse en un espejismo.

Nos corresponde a los estudiosos del tema ser claros al llevar la información a los tomadores de decisiones. Si bien los numerosos registros de especies silvestres debido a la baja actividad humana pueden responder a procesos ecológicos como la dispersión, no necesariamente significa que las poblaciones y los ecosistemas se hayan recuperado, para esto es necesario un lapso mayor de tiempo. Si bien es de resaltar lo que estamos observando mientras pasamos la cuarentena, no puede esto convertirse en un sofisma para no seguir apoyando los procesos de conservación.

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Actividades de investigación en campo han sido suspendidas para muchos proyectos. Foto D. Sanchez

En la reciente edición de la revista Biological Conservation, una de las más importantes en la ciencia de la conservación de la diversidad, fue publicado un texto con autoría de sus editores1 en la cual se proponían algunas preguntas sobre el efecto que tendrá la actual pandemia sobre el ejercicio de la conservación de la diversidad. Los aspectos allí presentados ameritan ser analizados para tomar decisiones acertadas en el futuro más próximo (esto es, cuando el confinamiento vaya disminuyendo y retomemos la dinámica que solíamos traer). Aquí resalto algunos apartes y extiendo algunas de las ideas.

El citado texto resalta por ejemplo que muchos trabajadores de la conservación a lo largo del mundo están sin empleo o con un receso obligado de sus actividades. Así mismo, estudiantes de disciplinas afines a la conservación se encuentran sin poder hacer sus prácticas, sus cursos de formación en campo o llevar a cabo sus trabajos de grado debido a que no pueden realizar de manera adecuada las actividades de su formación. Por ejemplo, el acceso a los laboratorios o al campo es limitado o totalmente prohibido debido a las restricciones de la cuarentena. Esto lo estamos viviendo en carne propia docentes e investigadores nacionales que tenemos estudiantes en formación y proyectos que aportan a la conservación de la biodiversidad. Así por ejemplo, las actividades de campo están suspendidas y los laboratorios y colecciones donde se procesa información están cerrados en todas las universidades conocidas.

Adicionalmente, algunas asociaciones académicas como la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM) y la Sociedad Colombiana de Mastozoología (SCMas), han emitido comunicados solicitando evitar las actividades de investigación que involucren el contacto con las especies silvestres debido al riesgo de zoonosis que ya se ha dado en algunas especies. Así que incluso si paulatinamente se va regresando a la “normalidad”, muchas investigaciones y proyectos de conservación seguirán detenidas debido a la naturaleza del contagio y al posible riesgo en que se ponen a las poblaciones naturales.

Eventos de trascendencia para la toma de decisiones en pro de la conservación de la biodiversidad han sido postergados, como la COP 15 del Convenio de Diversidad Biológica y la COP 26 de la Conferencia para el Cambio Climático de las Naciones Unidas. Esta situación tendrá implicaciones en el direccionamiento de los esfuerzos internacionales para combatir estos otros retos: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. En Colombia algunas actividades de importancia para compartir el conocimiento sobre los avances en conservación también han sido postergados, pero se rescatan las iniciativas de varias asociaciones y ONGs que han organizado simposios, capacitaciones y conferencias de manera virtual durante este confinamiento.

Quizás lo más importante y lo que tenga más duración en el tiempo (propuesto por los citados autores), es que la recesión económica producto de la cuarentena disminuya los recursos que apoyan a los gobiernos y a las organizaciones no gubernamentales para que ejecuten programas de conservación. Los patrocinadores de la conservación posiblemente sufran los embates de la crisis económica, y en caso de salir a flote, dirigirán la mirada hacia las necesidades más urgentes provocadas por la pandemia y sus efectos socio-económicos. Existe la posibilidad de poner en duda la continuidad de procesos a largo plazo, como por ejemplo el establecimiento de nuevas áreas protegidas, la contratación de investigadores y apoyo local para nuestros Parques Nacionales y otras áreas protegidas del orden regional y local.

Así, los proyectos de conservación y las políticas públicas que van en esa dirección, ya sea a mediano o a largo plazo, tendrán que competir por recursos con las iniciativas que vayan a cubrir las nuevas necesidades producto de la pandemia. Es posible que muchas áreas protegidas dejen de recibir ingresos por sus visitantes y muchas comunidades beneficiadas por ecoturismo se vean igualmente afectadas; y en nuestro contexto es ahora cuando más se necesita que estén fortalecidas. Históricamente se ha observado que cuando esto pasa en las comunidades, la caza, pesca, extracción de madera y quemas se aumentan. Obviamente que se trata de vidas humanas y de sus necesidades económicas básicas. Ahora bien, no hay que perder de vista que cuando se habla de conservación, implícitamente se habla de comunidades humanas y de los servicios ambientales que la biodiversidad nos proporciona. Les tocará a nuestras autoridades ambientales y a las ONG´s, ya de por si con recursos limitados, re-priorizar las acciones de conservación e intervención en los territorios.

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Tití cabeciblanco (Saguinus oedipus) especie amenazada de extinción que necesita de monitoreo permanente y de control de su tráfico. Foto D. Sánchez

Supongo que es de esperar que los países quieran recuperar sus economías lo más pronto posible. En América Latina se proyecta que la economía caerá este año entre 5 y 7 puntos porcentuales. Para Colombia el Fondo Monetario Internacional proyecta que haya un crecimiento negativo de al menos 2,4% en el PIB, lo que se traduce en varios billones de pesos. Las economías se recuperan básicamente con la producción y posterior venta de bienes y servicios, los cuales, a su vez, en cualquier etapa de su cadena productiva se aprovecha de algún recurso natural, seguido del posterior transporte, es decir, emisiones de Co2, y la producción de residuos. Así que bajo este escenario hipotético pero razonable, se podría ahogar el respiro que han tenido los ecosistemas y algunos animales silvestres durante la cuarentena, con posibles efectos a largo plazo por causa de la crisis económica. Todo podrá haber sido un espejismo.

Juan David Sánchez

Docente de la facultad de Ciencias y Biotecnología de la Universidad CES (Medellín).

jdavids21@gmail.com

 

Referencias

  1. Corlett RT, Primack RB, Devictor V, Maas B, Goswami VR, Bates AE, et al. Impacts of the coronavirus pandemic on biodiversity conservation. Biol Conserv. 2020 Jun 1;246:108571.

 

 

Una imagen NO vale más que mil palabras: del fototrampeo y las conclusiones apresuradas

Por Lain E. Pardo & Diego J. Lizcano

Las cámaras trampa (cámaras que se activan automáticamente) se han convertido en el instrumento favorito de investigadores y personas con curiosidad por la naturaleza. Son a su vez una gran forma de interactuar con la sociedad para mostrar la vida salvaje oculta en nuestros paisajes y establecer alianzas eficientes con las comunidades para proteger su diversidad. Sin embargo, la emoción que causan las fotos a veces nos hace olvidar del rigor científico en la forma como mostramos nuestros resultados. En este ensayo hacemos algunas reflexiones sobre la popularidad de esta técnica, la necesidad de interpretar adecuadamente las fotografías que se obtienen y la importancia de no caer en la tentación de publicar todo en las redes sociales sin un análisis riguroso.

Observaciones aisladas no dicen nada sobre las poblaciones

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la aparición de una especie en alguna foto en particular no significa nada en términos de viabilidad de poblaciones o estado de conservación. Algunos científicos o profesionales involucrados en proyectos con cámaras trampa solemos mostrar nuestras fotos durante el proceso de investigación o socialización de resultados. Es una forma de interactuar con las comunidades locales y la sociedad para mostrar las especies que existen a sus alrededores. Sin duda, algo muy importante en un mundo donde la relación con la naturaleza es cada vez menor. Pero, hay que tener cuidado con las conclusiones aceleradas que pueden derivar de una sola foto.

Si bien algunas especies pueden indicar ciertos aspectos relacionadas con el entorno, no se puede suponer nada sin un análisis riguroso.  Interpretar y difundir fotos de animales silvestres sin un análisis cauteloso puede tener al menos tres consecuencias inintencionadas: 1) suponer que la población está bien 2) creer que no hay necesidad de un monitoreo, 3) ignorar las potenciales amenazas a la fauna. Por ejemplo, si se registra mediante fototrampeo una especie importante en términos de conservación (amenazada o carismática), esta foto corre el riesgo de interpretarse como que el área esta “rebosante” de vida, o peor aún, creer que no hay ningún impacto. Por otro lado, si no se registra alguna de estas especies puede dar luz verde a la transformación del ecosistema. Esto podría ser especialmente preocupante en estudios de impacto ambiental donde se obtienen conclusiones con base en muestreos muy cortos.

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Algunos mamíferos registrados con cámaras trampa en Colombia (arriba) y Sudáfrica (abajo)

Es importante entender que la fauna es dinámica y se mueve constantemente. El hecho de no detectar una especie “interesante” durante el tiempo de un solo muestreo no quiere decir nada sobre la conservación de esta especie. Del mismo modo detectar una especie en una cámara no es por si misma un indicador de una población estable o un hábitat adecuado, como a veces se sugiere. La especie puede estar simplemente de paso y eso no se puede determinar con una foto aislada (1). Por otro lado, como sugiere el profesor Lindenmayer más avistamientos de animales o especies no significa automáticamente una recuperación en las poblaciones silvestres. Algunas veces la “tendencia” a registrar más individuos pueda deberse netamente a un artefacto de diseño, es decir más esfuerzo de muestreo en un área puede generar más registros (ver problema con estimaciones de tigre en (2).

En muchas ocasiones uno tiende a suponer que si un lugar es más frecuentado por una especie el lugar debe brindar los elementos necesarios. Usualmente es el caso, sin embargo, la distribución de las especies es más compleja, en especial en paisajes antropomórficos y alterados. Es probable que la concentración de ciertos individuos en ciertos lugares no responda a la calidad del sistema sino a la falta de refugios adecuados que hacen que la especie se vea forzada a desplazarse a zonas de baja calidad, incluso a la ausencia de un depredador. Es muy peligroso usar un registro único de una foto (presencia netamente) para sugerir que el lugar “está saludable” (3).

En este sentido, Gill y colaboradores (4), llamaban la atención sobre este tipo de conclusiones y sugieren evitar generalizaciones relacionadas con comportamientos evasivos o acercamiento de animales como un indicador cuando se quieren establecer prioridades de conservación. Es decir, no todas las especies que se acercan a áreas alteradas o antrópicas son menos sensibles o están en menos riesgo que aquellas que tienden a alejarse.

Una pregunta que tal vez deberíamos analizar con más detenimiento es si con el incremento de las publicaciones de fotos de cámaras trampa u otras técnicas similares en medios masivos estaríamos mostrándole a los ciudadanos una falsa percepción de que “todo está bien”. Al fin y al cabo “una imagen vale más que mil palabras”, no?.

No todas las especies son iguales

Como los ciudadanos no conocen bien la ecología de las especies (y no es su deber), se tiende a pensar que un registro aislado es un resultado importante. En el mundo, las especies endémicas y raras son cada vez más escasas, mientras que especies bien adaptadas tienen a expandirse en todo tipo de paisajes, transformados o no. De manera que hay que considerar la ecología de la especie antes de establecer si el registro es positivo, negativo o novedoso. Los zorros y pumas por ejemplo, pueden colonizar nuevas áreas agrícolas sin mucho problema(5). Al ser especies tan flexibles ecológicamente sus efectos en los ecosistemas pueden ser no deseados (e.g. aumentar la depredación de especies más pequeñas) y entrar en conflicto con los pobladores locales por el incremento en la frecuencia de depredación de animales domésticos. Si se debe celebrar o no, que se registren por primera vez este tipo de especies, debe ser un tema de estudio específico.

Gracias al fototrampeo hemos registrado que afortunadamente hay especies conviviendo cerca de los humanos y en paisajes agrícolas. Esto sin duda es interesante y alentador, pero no debemos bajar la guardia asumiendo que estas especies están en buen estado de conservación. Pardo y colaboradores (6), por ejemplo, llaman la atención sobre algunas especies que son comunes en cultivos de palma de aceite en Colombia, pero que dependiendo del contexto paisajístico incluso estas especies podrían verse en riesgo si la proporción de palma en un paisaje sobrepasa ciertos umbrales. No porque sean comunes y tolerantes a la palma implica automáticamente que estén fuera de riesgo.

El “efecto contrario” en la divulgación de fotos (“The backfire effect”)

Indiscutiblemente la divulgación científica es fundamental para que la sociedad entienda la importancia de la conservación de la biodiversidad. Lo es así mismo presentar a la sociedad los triunfos y las cosas por mejorar en esta carrera por la proteger la naturaleza. Sin embargo, en nuestro afán por divulgar y comunicar nuestros resultados se corre el riesgo de generar efectos no deseados o “backfire”.

Un buen ejemplo de esta situación la describen muy bien Glenn y colaboradores(7) sobre la gran divulgación de campañas, noticias y reportes relacionadas con la cacería ilegal de rinocerontes en África. La intención principal de estos comunicados suele ser la de mostrar la crisis y generar reflexión sobre por qué esta actividad ilegal es dañina para la naturaleza. Sin embargo, sin quererlo, estas comunicaciones suelen no tener eco e incluso pueden promocionar la cacería al e informar nuevas formar de hacer dinero “fácilmente” (leer el artículo para entender las razones psicológicas detrás de esto).

Para los científicos es motivo de satisfacción registrar la presencia de una especie donde se presumía extinta o donde no se había registrado. Usualmente la reacción es publicarlo en revistas científicas y luego en medios masivos (o viceversa). Sin embargo, al igual que el ejemplo del rinoceronte, esto puede poner en riesgo la conservación de estas especies. Una de las razones principales es que tanto en publicaciones científicas como en medios masivos se suelen dar a conocer los lugares donde se registran estas especies raras o atractivas en el mercado negro. Esto combinado con la carencia de vigilancia en muchos países, podría facilitar la labor de los cazadores o traficantes de fauna, quienes podrían usan esa información

La divulgación también podría informar a los pobladores la presencia de especies no deseadas o con las cuales hay conflicto, por lo que se podría intensificar la cacería o persecución. Como se ha demostrado, el Facebook ha sido empleado eficientemente por el  mercado ilegal de especies y muchas fotos o selfis con animales hermosos indirectamente han incrementado el mercado al despertar sentimiento consumistas en usuarios de la redes (el “yo quiero una”).

Si estamos promoviendo indirectamente casos de “efectos no deseados” con la divulgación de fotos de cámaras trampa, aún está por ser estudiado, pero sin duda es una gran posibilidad. Muchos de los que trabajamos con especies amenazadas y carismáticas usualmente tenemos cuidado con lo que reportamos. Por ejemplo, en nuestro proyecto Snapshot South Africa, que tiene un gran componente de ciencia ciudadana para la identificación de las fotos, hacemos un filtro para no dejar en las plataformas de internet ninguna foto de especies amenazadas.

El rinoceronte de java está críticamente amenazado por cacería. Sin embargo, las redes sociales estuvieron saturadas con la noticia del avistamiento de dos bebes ¿será esto prudente? De igual forma ocurre con varias publicaciones de investigaciones en Latinoamérica u otras partes del mundo. Que efecto contrario podría producir el reportar los nacimientos de una especie tan críticamente amenazada y tan temida por pobladores como el lobo gris? será que debemos preguntarnos mejor si es conveniente reportar la presencia de jaguar u otras especies en medios masivos siendo que estas especies son tan perseguidas por miedo y por el mercado negro? O por el contrario, ¿podrían estas noticias ser una fuente de presión social para que las autoridades ambientales se encarguen de la protección del lugar?

¿Será necesario ser tan específicos en la promoción de nuestros proyectos? Por ejemplo, comentar abiertamente información como “Las primeras estimaciones indicaron la presencia de 1.5 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados, lo que ha permitido estimar que en la triple frontera podría haber unos 2000 felinos.” ¿A quien le sirve esa información? ¿Eso es muchos o pocos jaguares? Los científicos tenemos clara la incertidumbre asociada a cualquier estimación debido a efectos estadísticos o de muestreo, pero ¿que podría interpretar el público en general con estas afirmaciones? Es más, ¿Si son primeras estimaciones, vale la pena reportarlas? No tenemos respuestas a estas preguntas, tampoco evidencias de efectos no deseados del fototrampeo, pero nos parece prudente empezar a reflexionar en estos temas y aplicar el principio precautorio antes de publicarlo todo en redes sociales.

Informar no es conservar

Otro error que cometemos es creer que estudiar las especies es conservación por sí misma. Sin duda es fundamental y nos permite estudiar los sistemas y registrar lo que está pasando, pero sin un vínculo político o con tomadores de decisiones, no significa mucho para la conservación y no deja de ser ecología e historia natural. De manera que el solo hecho de instalar cámaras trampa para ver que se registra no implica que estemos haciendo conservación (a veces ni siquiera ciencia). Tristemente, tomar datos o informar sobre nuestras investigaciones no es conservar. Como dice el profesor Ellison “mejores datos, no van a salvar los elefantes, rinocerontes o cualquier otra especie”. Aunque es algo frustrante para nosotros, los científicos de vida silvestre, la realidad es que rara vez nuestros resultados pueden aplicarse completamente a la conservación o en otras ocasiones nuestros resultados son simplemente ignorados.

Con Twitter, Facebook y el sin número de redes sociales a veces los científicos sentimos que tenemos que comunicarlo todo, y tal vez no siempre debería ser así. Aunque no es tema de este ensayo, el afán por mostrar resultados se está convirtiendo probablemente en un arma de doble en la ciencia (ver por ejemplo(8).  A veces incluso se reportan fotografías de animales como una primicia, como si fuera la primera vez que se conoce de la especie. Sin embargo, no siempre es así. Los pobladores o la comunidad científica sabe usualmente de las distribuciones históricas de las especies, así que hay que entender un poco más los contextos históricos. Ahora bien, las cámaras trampa si nos brindan una gran oportunidad de mostrar evidencias sobre la presencia de especies raras, de las que tal vez solo habian indicios.

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Instalación de  cámaras trampa en dos ecosistemas muy distintos para detectar mamíferos medianos y grandes (bosque secundario Colombia-izq y semidesierto en Sudáfrica-der)

Las cámaras trampa son una herramienta poderosa que nos han permito a los científicos hacer mejor ciencia y conectarnos con la sociedad como nunca antes. Sus alcances y las capacidades tecnológicas son cada vez mejores. Sin embargo, creemos que debemos reflexionar un poco más sobre la forma en que mostramos nuestros resultados al público general. La ciencia es un proceso cauteloso y rigoroso, por lo que debemos pensar dos veces a la hora de sacar conclusiones sobre la conservación de las especies cuando compartimos nuestros resultados. No pretendemos subestimar la importancia de la técnica o la divulgación de la ciencia, simplemente creemos que es importante preguntarnos ciertas cosas antes de divulgar ciertos resultados para evitar consecuencias no deseadas al momento de hacerlo.

Entendemos lo frustrante que puede ser tener que hacer un sin número de consideraciones cuando uno solo quiere mostrar la belleza de la naturaleza, pero tal vez es hora de hacerlas como científicos o como coordinadores de proyectos de fototrampeo.

Lain E. Pardo (PhD)

Nelson Mandela University

 

Diego J. Lizcano (PhD)

The Nature Conservancy (TNC), Colombia

 

Literatura

  1. Mackenzie DI, Royle JA. Designing occupancy studies: general advice and allocating survey effort. J Appl Ecol [Internet]. 2005 Dec [cited 2016 May 8];42(6):1105–14. Available from: http://doi.wiley.com/10.1111/j.1365-2664.2005.01098.x
  2. Gopalaswamy AM, Karanth KU, Delampady M, Stenseth NC. How sampling‐based overdispersion reveals India’s tiger monitoring orthodoxy. Conserv Sci Pract. 2019;1(12):1–11.
  3. Hamel S, Killengreen ST, Henden J-A, Eide NE, Roed-Eriksen L, Ims RA, et al. Towards good practice guidance in using camera-traps in ecology: influence of sampling design on validity of ecological inferences. O’Hara RB, editor. Methods Ecol Evol [Internet]. 2013 Feb 1 [cited 2020 Apr 11];4(2):105–13. Available from: http://doi.wiley.com/10.1111/j.2041-210x.2012.00262.x
  4. Gill JA, Norris K, Sutherland WJ. Why behavioural responses may not reflect the population consequences of human disturbance. Biol Conserv. 2001;97:265–8.
  5. Pardo LE, Campbell MJ, Edwards W, Clements GR, Laurance WF. Terrestrial mammal responses to oil palm dominated landscapes in Colombia. Yue B-S, editor. PLoS One [Internet]. 2018 May 24 [cited 2018 May 26];13(5):e0197539. Available from: http://dx.plos.org/10.1371/journal.pone.0197539
  6. Pardo LE, Roque F de O, Campbell MJ, Younes N, Edwards W, Laurance WF. Identifying critical limits in oil palm cover for the conservation of terrestrial mammals in Colombia. Biol Conserv [Internet]. 2018 Nov 1 [cited 2018 Sep 12];227:65–73. Available from: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0006320718304725
  7. Glenn I, Ferreira SM, Pienaar D. Communication on rhino poaching: Precautionary lessons about backfires and boomerangs. S Afr J Sci. 2019;115(3–4):2–5.
  8. Locascio JJ. The Impact of Results Blind Science Publishing on Statistical Consultation and Collaboration. Am Stat [Internet]. 2019;73(sup1):346–51. Available from: https://doi.org/10.1080/00031305.2018.1505658

 

No, la cacería deportiva no es nuestro enemigo.

Por Lain E Pardo

Tal vez hay pocas cosas que generen más desprecio en la actualidad que una foto de un cazador posando al lado de un animal que acaba de matar. Sin lugar a dudas, es una imagen desgarradora y una falsa representación de la “grandeza” humana. Pero el debate moral no debe desviarnos de lo que realmente está en juego. En este ensayo mostraré otros elementos relacionados con la cacería deportiva que debemos entender antes de desencadenar avalanchas de odio y violencia contra quienes lo practican.

Lo primero que vale la pena aclarar es que hay distintos tipos de cacería: la de subsistencia (que todo el mundo “acepta” pero no quiere decir que sea sostenible en todos los casos), la furtiva o ilegal (¡que es la más peligrosa!) y la deportiva que es la que más genera odios infundados pero que, aunque parezca paradójico, la que más aporta a la conservación.

En términos socioeconómicos, la cacería deportiva es un renglón muy importante en la economía de países como Sudáfrica o Estados Unidos. Así, por ejemplo, la cacería deportiva en algunas provincias de Sudáfrica puede contribuir con US$ 909 millones (año 2017) y generar más de 30.000 empleos!1. El dinero recaudado ha servido para realizar inversiones importantes para la conservación de las especies, y los ecosistemas que permiten que las especies de caza (y otras no aptas para esta actividad) se mantengan.

La cacería deportiva es selectiva (no todas las especies pueden usarse para este fin) y cuando se hace responsablemente asegura que las muertes de los individuos aptos para “trofeos” no tengan ningún efecto sobre la población. Estos animales suelen ser viejos, que ocasionan problemas a las pobladores o producto de un estudio poblacional juicioso.

Otro de los aspectos positivos de la cacería regulada, es que promueve la conservación en tierras privadas. Algo en lo que a veces no nos detenemos a pensar cuando vemos la foto de un animal muerto es el entorno o el hábitat donde se cazó.  Lo que permitió que el animal fuera seleccionado para ser cazado, no es fortuito o algo que se pueda construir de la noche a la mañana.

Ese individuo está en esa área destinada a la cacería porque los hábitats se han mantenido para que convivan poblaciones de animales silvestres; no solo de caza como como el león o un elefante, sino de innumerables especies y ecosistemas de los que no se habla y que en ultimas ofrecen muchos beneficios a los ciudadanos. Estos beneficios no son solo para los cazadores, otras personas como turistas que no cazan, disfrutan de un entorno silvestre y de inmensa admiración. Pero más importante y algo que damos por hecho, esos paisajes y animales de indudable belleza, son los que en ultimas permiten nuestra vida en este planeta.

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El oryx o gemsbok en lenguaje local es una especie común y apetecida por los cazadores deportivos en Sudáfrica (foto Lain E. Pardo)

En el Reino Unido por ejemplo, propietarios que permiten cacería deportiva de zorros (Vulpex vulpex) en sus tierras, protegen más bosque que otras tierras.  En Zambia ~24% de la tierra, es decir 140.000 km2 constituyen áreas de manejo para cacería deportiva! Eso es, en ultimas, 140.000 km2 de especies y hábitats protegidos y manejados, mientras que las tierras destinadas como áreas protegidas (e.g. parques naturales nacionales) llegan apenas a la mitad. En Sudáfrica gran parte de la tierra usada para ganadería es hoy día también reservas de caza, lo que ha significado que al año 2002, 13% de la tierra sea manejada con el ánimo de mantener especies de trofeo. Otros países manejan porcentajes de tierras para cacería incluso más altos (~35%) (ver detalles en  2).

La prohibición de la caza, así como otro tipo de prohibiciones como la de las drogas, genera un mercado negro ilegal que afecta profundamente las poblaciones silvestres. Por ejemplo, en países donde hay cacería controlada las poblaciones de rinocerontes o elefantes se conservan mejor que donde se prohíbe su caza. Obvio, nada es perfecto, y aún hay cosas que mejorar en esta actividad, pero no hay que satanizar las decisiones de manejo y los usos sostenibles de la biodiversidad, menos cuando funcionan y algo que suele olvidarse: afecta la subsistencia de la gente local.

Prohibir la cacería hará que muchas tierras que se dedican a la conservación y el uso (cacería en este caso) desaparezcan. Como estamos en una economía de mercado, hará que muchas de estas deban hacer campo a la agricultura o algún otro uso más intensivo y económicamente viable. Esto sin mencionar los graves problemas de empleo, pobreza y salud. Peor aún, en algunos países áridos y sin mucho atractivo para ecoturismo o con tierras no aptas para agricultura, la cacería es lo único que permite a sus pobladores un sustento (e.g. Simbabwe o Tanzania) ¿entonces, no tienen ellos derecho de usar sus pocos recursos para sobrevivir solo porque no nos gusta una cabeza de antílope colgada en una pared?)

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Una imagen vale más que mil palabras, el profesor Adam Hart dice en su twitter: “esta es una foto aérea de la reserva de caza Ibanda en el norte de Tanzania, a la izquierda un área exclusivamente manejada con ingresos de cacería deportiva, a la derecha, lo que pasa cuando las tierras no se manejan. Es por eso que prohibir la cacería deportiva es una posición equivocada”

Tal vez en lugar de desearle la muerte a los cazadores deportivos debamos tener en cuenta que ellos contribuyen más a la economía y la conservación de las especies que muchos de nosotros en nuestra cotidianidad. Además, ¿quién debe decidir sobre estos casos, la gente local o algunos ambientalistas en otros países usualmente mal informados? En este link hay un video que explica de manera creativa por qué la cacería no es tan mala como la pintan; vale la pena verlo con mente abierta. De manera que antes de marchar en contra de los cazadores u ofenderlos en redes sociales, piense si tiene US$ 12.000-350.000 para donar a conservación (¡y esto lo pagan por un individuo!).

En conservación nos enfrentamos a dualidades constantemente, por lo que a veces es importante ser más pragmático y pensar en las poblaciones y la gente. En este sentido la cacería es una buena forma de hacer conservación, y querer prohibirla puede traer más problemas que soluciones3. Es por eso que entidades tan respetadas como La Union Internacional Para la Naturaleza (IUCN) reconoce el papel de esta actividad en la conservación de especies silvestre y reducción de la pobreza (leer acá su informe para más información). ¡La real amenaza para las especies silvestres es la cacería ilegal (furtiva o poaching en inglés), y la destrucción de ecosistemas!

En Colombia los animalistas lograron este año prohibir la cacería deportiva en lo que ellos consideran una gran victoria. Como expliqué anteriormente eso es debatible, pero en Colombia en particular, eso prácticamente ni quita ni pone porque en el país no hubo cacería deportiva en sentido estricto. Solo unos pocos lo hacían con aves (algunas abundantes en áreas agrícolas). El texto aprobado parte de unas premisas muy debatibles como que la cacería de subsistencia no es cruel y no genera declives poblacionales, pero por el contrario la cacería deportiva si. También hace una distinción extraña entre peces y animales terrestres (¿por qué si se acepta la pesca deportiva y no la caza deportiva?). Por otro lado, ¿cuándo la cacería de subsistencia no es deportiva? Hay unas líneas muy delgadas acá.

Regular siempre es mejor que prohibir en todos los contextos: sociales, económicos y de libertades. ¿Será que en Colombia, acabamos de perder la oportunidad de vincular dueños de tierras en proyectos sostenibles que mejoren la conectividad y que ayuden a eliminar especies invasoras como ocurre en otros países latinoamericanos? Me pregunto qué problemas legales habrá en el futuro con la entrada en vigencia de esta norma, ya que contradice de alguna manera los objetivos de proyectos de uso sostenible claramente aceptados en otra normatividad.

El único argumento en contra de la cacería deportiva proviene de asunciones sobre bienestar animal y de una moralidad subjetiva alrededor de lo que llaman “una práctica que reducen los animales a un mero negocio”. Sin embargo, desde el punto de vista técnico y científico no pueden decir que afecte las poblaciones, no pueden decir que no ayude a la gente. Si empleamos este argumento reduccionista, el gobierno también debería prohibir cualquier actividad agropecuaria por considerarla un mero negocio. No estoy diciendo que la caceria deportiva sea la solución única a los retos de conservación, pero si una opción importante. Claro que hay cosas por mejorar y otras opciones por explorar paulatinamente, pero una moral radical no debe cerrar las oportunidades de desarrollo y sobrevivencia de las comunidades humanas.

La idea de poner un precio a todo me parece difícil de digerir, pero entiendo que antes de ponerse a pelear con el sistema tal vez lo más sabio es adaptarse mientras se pueden ir pensando en otras alternativas. En Sudáfrica, por ejemplo, ya han habido casos en donde personas han pagado por inmovilizar animales (sedarlos con dardos y escopetas). Sin embargo, ninguna otra actividad “ecoturística” genera más recursos en ese país que la cacería como tal (e.g. safaris, avistamientos de aves, etc.).

Preocupa en estos tiempos de postmodernidad que el ambientalismo se convierta en un vehículo de adoctrinamiento social y segregación. Por su puesto es muy difícil entender que motiva a una persona cazar un animal por gusto (y tampoco me gusta). Pero la conservación es más complicada de lo que parece y la moral no puede ser el único criterio a tener en cuenta al momento de decidir políticas o acciones de manejo; mucho menos para emitir juicios de valor. Esto especialmente cuando algunas decisiones provienen de manera unilateral sin consultar a los que realmente están involucrados. Es bueno tenerlo sobre la mesa, pero ojalá algunos animalistas entiendan esto y mejor se enfoquen en procesos más críticos y urgentes como expansión de la tala ilegal, expansión de fronteras agrícolas descontroladas, tráfico, y cambio climático.

Con este último ensayo termino la serie destinada a mostrar lo difícil que es hacer conservación y los diversos retos que se tienen al tratar de balancear contextos tan críticos como la economía, el bienestar animal y la conservación de la biodiversidad. En conservación no hay reglas escritas en piedras o que apliquen de manera genérica a cualquier proceso. Entender cada contexto y los factores más relevantes a la hora de tomar decisiones de manejo es fundamental, no solo para los tomadores de decisión sino para la sociedad en general. Intenté con estos ensayos brindar elementos que nos ayuden a tener juicios más informados a la hora de debatir temas complejos.

La conservación no es andar tomando fotos a los animales y postearlo en las redes. La conservación tampoco es buscar culpables y caerles encima con todo el peso de la “moral” o la legalidad sin preguntarse nada sobre el individuo en cuestión. Lo legítimo, lo ético, la ciencia y los trasfondos socioeconómicos deben ser debatidos y tenidos en cuenta en cada situación, sin cegarnos con visiones puristas o “híper-románticas”; mucho menos menospreciando nuestra existencia como humanos y como parte de un sistema complejo. Es responsabilidad de los ciudadanos informarse bien antes de levantar conclusiones y entender mejor lo que significan ciertas decisiones; no sabotearlas con impulsos emocionales.

 

Lain E. Pardo PhD

Postdoctoral Research Fellow

Wildlife Ecology Lab,

School of Natural Resource Management

Nelson Mandela University

George Campus, South Africa

Mobile: +27-0762599325

Bibliografia

  1. Van Der Merwe, P., Saayman#, M. & Rossouw+, R. The economic impact of hunting in the limpopo province. Journal of Economic and Financial Sciences | JEF 8, (2015).
  2. Loveridge, Andrew J. , Reynolds, J. C. & Milner-Gulland, E. J. Does sport hunting benefit conservation? in Key Topics in Conservation Biology (eds. Macdonald, D. W. & Service, K.) 222–238 (Blackwell Publishing Inc, 2007).
  3. Minin, E. Di, Leader-Williams, N. & Bradshaw, C. J. A. Banning Trophy Hunting Will Exacerbate Biodiversity Loss. Trends Ecol. Evol 31, 99–102 (2016).

El uso de fauna silvestre como alternativa de desarrollo y conservación

Por Lain E. Pardo

El aprovechamiento o uso de fauna silvestre se ha convertido en uno de los temas más sensibles y perseguidos por los ambientalistas y animalistas en varios países. En Colombia, por ejemplo, hace poco hubo un acalorado debate por la autorización que se le dio a un proyecto en el Caribe para aprovechar huevos de caimán. En este ensayo, explico que es la cosecha sostenible y por qué es importante entenderla como una alternativa de desarrollo con efectos positivos para la sociedad y la vida silvestre.

Este ensayo hace parte de la serie dedicada a reflexionar sobre lo difícil que es tomar decisiones en conservación. (ver primera parte)

¿Qué es cosecha sostenible? Seguir leyendo “El uso de fauna silvestre como alternativa de desarrollo y conservación”

La muerte como solución: cuando la conservación de vida silvestre no es tan fácil como la pintan los ambientalistas

Por Lain E. Pardo

La palabra conservación se ha convertido en una de las más populares en estos tiempos donde la naturaleza y sus recursos atraviesan una crisis profunda. Sin embargo, al mismo tiempo se ha generalizado tanto que en la percepción de la gente parece ser un concepto simplista de “no tocar”. La ciencia de la conservación es más compleja y en algunas situaciones requiere abandonar nuestras percepciones románticas de la vida silvestre para centrarse en lo realmente importante. Esto implica en ciertas circunstancias aceptar la paradoja de ver la muerte como parte de la solución. Este ensayo hace parte de una serie destinada a mostrar lo complicado que puede ser la conservación de vida silvestre al momento de tomar decisiones que beneficien la sociedad y las especies silvestres.

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Mitos y realidades del impacto ambiental de la palma de aceite en Colombia

Por Lain E. Pardo

Cuando escuchamos hablar de palma de aceite o africana lo primero que viene a nuestra mente son orangutanes y tigres perdiendo su hábitat en el Sudeste asiático. No es para menos si tenemos en cuenta que el cultivo de palma es tal vez la principal amenaza para la biodiversidad en esa parte de Asia; ¿pero ocurre lo mismo en Colombia?

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Aspecto general de un paisaje dominado por palma de aceite en el Departamento del Meta, Colombia. Foto Lain E. Pardo

Malasia e Indonesia son los mayores productores de palma de aceite en el mundo con poco más de 14 millones de hectáreas plantadas (>80% de la producción mundial), mientras que Colombia, siendo el mayor productor de palma de aceite de América, tiene alrededor de 500,000 ha sembradas 1. Sin embargo, la gran demanda por biocombustibles y otros derivados del aceite ha crecido rápidamente en toda Latinoamérica.

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