La muerte como solución: cuando la conservación de vida silvestre no es tan fácil como la pintan los ambientalistas

Por Lain E. Pardo

La palabra conservación se ha convertido en una de las más populares en estos tiempos donde la naturaleza y sus recursos atraviesan una crisis profunda. Sin embargo, al mismo tiempo se ha generalizado tanto que en la percepción de la gente parece ser un concepto simplista de “no tocar”. La ciencia de la conservación es más compleja y en algunas situaciones requiere abandonar nuestras percepciones románticas de la vida silvestre para centrarse en lo realmente importante. Esto implica en ciertas circunstancias aceptar la paradoja de ver la muerte como parte de la solución. Este ensayo hace parte de una serie destinada a mostrar lo complicado que puede ser la conservación de vida silvestre al momento de tomar decisiones que beneficien la sociedad y las especies silvestres.

La disciplina de la conservación ha evolucionado desde una concepción más purista de preservación hasta una de manejo activo de recursos naturales en la cual se incluye el ser humano como parte de la biodiversidad y los procesos de restauración propiamente dichos. Sin entrar en detalles, tanto desde el punto de vista científico como de conocimiento general, la conservación busca en últimas proteger la diversidad de especies, sus hábitats y los ecosistemas que nos rodean. Esto con el ánimo de que las generaciones futuras disfruten de los mismos beneficios que provee la naturaleza, incluyendo el mero placer de conocerla y apreciarla.

El objetivo de conservar, sin embargo, enfrenta muchos retos “éticos”, o discusiones sobre lo que es “correcto” o no. Cuando la ciencia es imparcial y sensata podemos construir recomendaciones más eclécticas que logren un balance. Sin embargo, en la gente no familiarizada con el tema (e incluso algunos ambientalistas e investigadores) no suelen haber estos elementos moderadores y las emociones tienden a prevalecer.

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